Echando un ojo a la cartelera, no abundan películas
familiares a las que puedan ir familias en bloque. El mercado está atomizado en
ofertas para targets muy concretos. Tanto que Avatar: fuego y ceniza queda
como el film familiar para estas fechas gracias a su galería de personajes de
edades diversas y los conflictos paternofiliales de fondo.
Notificado por las redes que las gafas 3D de la anterior entrega no sirven para esta tercera parte, hay que reconocer que técnicamente es prodigiosa. La parte inicial está más vinculada al western que nunca al alejarse de los entornos acuáticos y presentar una nueva tribu, aliada de los 'rostros pálidos' en su lucha contra los 'pieles azules'. La gran batalla de la parte final parece una reválida del clímax de la segunda entrega.

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